La guerra en Siria ya parece parte de la vida diaria de sus habitantes. Bombas y ataques aéreos es el pan de cada día. En ese infierno, un padre de familia dedica casi todo su tiempo a fabricar máscaras de prevención contra ataques químicos para sus tres hijos.

En el pueblo de Maar Shurin, en la provincia de Idlib, en el noroeste del país, Huzeifa al Chahhad utiliza vasos de cartón, bolsas de plástico y un par de tijeras para cumplir su cometido.

Primero, perfora los vasos con una aguja para que pase el aire, luego coloca una gasa en el fondo, la cubre de algodón y agrega varias cucharadas de carbón cortado en pequeños pedazos para posteriormente cubrir todo con una última capa de algodón y gasa.

"Es para que no penetre el carbón en la boca", explicó. Como último paso pega una bolsa de plástico al vaso de manera que cubra la cabeza hasta la espalda y, de esta manera, proteger los ojos, las orejas y las vías respiratorias.

"Lo aprendí en YouTube", comentó Chahhad. Para probar su eficacia, pone la primera máscara en el rostro de su hija de 2 años y luego otra en el de su hijo de 3.

Mientras tanto, en la ciudad de Binnich, en el norte, Oum Majed usa latas de refrescos para construir máscaras antigás.

Sobre Damasco pesan varias acusaciones de haber utilizado armas químicas durante un conflicto que viene asolando a la nación desde el 2011 y que hasta el momento ha causado la muerte de 350 000 personas.

Otros residentes en Idlib han incluso construido refugios contra ataques aéreos. Chahhad es uno de ellos, excavó un espacio hace 6 años

"Lo hicimos en 2012 por los bombardeos y con las últimas amenazas lo hemos limpiado para usarlo" si es necesario, afirmó. "Las casas de arriba no resistirán los ataques”.