El banco central de Argentina tuvo que ofertar hoy 5.000 millones de dólares para evitar una nueva disparada de la cotización en el mercado de cambios. La medida busca frenar con medidas radicales el desplome del peso, que en el inicio del día ya había perdido casi 7% de su valor, hasta los 25,50 pesos por cada dólar.

La semana que comienza será decisiva para el equipo económico de Macri. Este martes vencen títulos públicos (Lebac) por 671.875 millones de pesos (unos 26.800 millones de dólares) y de la confianza de los inversores dependerá cuántos se quedarán con los papeles y cuántos se pasarán al dólar. La esperanza es que, al menos, el 80% de los ahorristas renueven esos papeles y esa masa de pesos no se vuelque al dólar.

Por otra parte, el presidente Argentino trabaja a toda máquina para negociar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que le de oxígeno al menos hasta las elecciones de 2019.

Hoy el banco central anunció que estaba dispuesto a vender 5.000 millones de sus reservas internacionales para sostener la divisa y en el arranque del día vendió 400 millones de dólares a 25 pesos, el nuevo valor que ahora considera de “equilibrio”. Dicha medida tuvo un efecto casi inmediato. Los ahorristas, sobre todo los grandes, se lo pensaron dos veces antes de comprar dólares caros, temerosos de un brusco descenso al final del día.

La divisa cerró finalmente a 25,50, pero sin que el banco hiciera apenas uso de sus reservas, como había amenazado. Hace sólo dos semanas, el dólar en las casas de cambio se vendía a 20,9 pesos.

La prueba de fuego será mañana, cuando estos tendrán que decidir si abandonar los títulos que se colocaron hace un mes con una tasa del 26% y que ahora pueden llegar a pagar hasta 40%, que es la nueva tasa de referencia que puso el Gobierno hace dos semanas, cuando el dólar empezó a recalentarse. Tasas altas, intervenciones millonarias en el mercado de cambios y la promesa de una drástica reducción del déficit fiscal son las armas que hoy usa Macri. La apuesta a mediano plazo es, sin embargo, un rescate del FMI que de aire a la economía argentina.

Mientras Argentina libra una batalla a muerte contra la inflación, tiene que enfrentarse al mismo tiempo con un círculo vicioso: necesita dólares para financiar el gasto público, pero esos dólares mantienen alto el peso. El peso apreciado encarece la economía argentina, le quita competitividad y frena el crecimiento. Pero si lo deja caer, la devaluación presiona sobre la inflación.

El Fondo ya tiene en la mesa la petición del gobierno argentino y a esta hora la somete a debate en Washington y la expectativa en Buenos Aires es que en no más de seis semanas se apruebe una línea de crédito stand by cuyo monto podría ascender hasta los 30.000 millones de dólares.

Junto a la artillería del Banco Central, el Gobierno avanzó también en el apuntalamiento del frente político interno. Macri ocupó los últimos días en reuniones con empresarios, banqueros y senadores opositores, a los que les pidió su apoyo. Lo cierto es que la actitud que tome el peronismo será clave en la encrucijada macrista, sobre todo porque los inversores pedirán previsibilidad política para mantener su dinero en el país.