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Cuando el mundo ve insólida la base del crecimiento, rebajado el nivel del comercio y la inversión, zigzagueante el proceso de la globalización y desequilibrado el desarrollo, China considera que ningún país puede conseguir el avance socioeconómico y disipar las rompecabezas a las que se enfrenta nuestro planeta, sólo con sus propias fuerzas.

La Franja y la Ruta se conecta con la zona económica de Asia Pacífico al este y con la de Europa al oeste, cubriendo la superficie de más de sesenta países, donde vive una población que es sesenta por ciento de la mundial, con una economía que ocupa treinta por ciento de la Tierra.

En busca de un progreso conjunto de todos los países y regiones a lo largo de la Franja y la Ruta, sobre la base de la igualdad y la cooperación pacífica, la iniciativa trata de inyectar nuevo vigor a la economía mundial, comenzado con la interconectividad infraestructural.

La podemos interpretar por un producto público que China ofrece al mundo, en espera de generar una dinámica demanda en el marco global.

Tomando en cuenta la corriente contra la globalización y la del proteccionismo, el proyecto chino se entiende como una apertura en mayor grado, con el objetivo de superar las deficiencias originadas por los dos procesos de la globalización anteriores. Uno, después de la revolución industrial inglesa y el otro después de la segunda guerra mundial.

Y las deficiencias que nos saltan a la vista no son sino el desequilibro en cuanto al nivel del progreso entre distintas regiones y al reparto de riqueza.

La Ruta de la Seda es una plataforma en la que distintas naciones, etnias, culturas y religiones se encuentran en bien de todos.

No está de más indicar que el encuentro puede implicar beneficios y retos a la vez. He aquí, el espíritu de ella: la paz y el desarrollo compartidos, a base de la unidad, confianza recíproca, igualdad, beneficios para todos, inclusividad, el aprendizaje del uno al otro y la cooperación por win win.

Por ser una esencia de igualdad, apertura e inclusividad, se da bienvenida a todos los países y a todas las regiones, entre las cuales figura Latinoamérica, que desean participar en la Iniciativa.

La iniciativa china busca, por otro lado, una reforma y un perfeccionamiento del orden internacional vigente, por una mejor gobernanza de los asuntos mundiales, si tomamos en consideración el activo papel que desempeñan los países inmergentes en los últimos años.

Una mayor participación de ellos con mayores derechos a la voz y al voto en los asuntos globales es una respuesta sensata a los problemas que no dejan de molestarnos.

En otras palabras, la iniciativa china no trata de propinar un revés al orden internacional vigente, sino reformarlo y perfeccionarlo, junto con todos los miembros de la comunidad internacional, de modo que éste corresponda a las nuevas demandas de nuestros días.

Como no han dejado de reiterar los dirigentes chinos, la Iniciativa de la Franja y la Ruta, en lugar de ser el solo de China, es el coro de toda la comunidad internacional. Cuando revisamos los logros del Foro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional que tuvo lugar en Beijing, China entre los días 14 y 15 de mayo del año en curso, nos sobran razones para estar optimistas sobre su perspectiva.

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