La llamada "Ley de Prevención del Trabajo Forzoso de los Uygures" de Estados Unidos que entró en vigor el martes no es más que un arma empuñada por Washington para contener a China y afianzar su maltrecha hegemonía.

Dicha ley está basada en mentiras, cargada de segundas intenciones y condenada al fracaso.

Apoyándose en ella, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos comenzó a imponer una prohibición a las importaciones de todos los productos relacionados con la región autónoma uygur de Xinjiang, en el noroeste de China.

Tal prohibición, un típico ejemplo de coerción económica, ha demostrado explícitamente que Estados Unidos está practicando el unilateralismo, el proteccionismo y la intimidación en nombre de los "derechos humanos", socavando gravemente los principios del mercado y violando las reglas de la Organización Mundial del Comercio.

La verdad habla por sí misma. El trabajo forzoso está explícitamente prohibido por la legislación china. La gente de todos los grupos étnicos de Xinjiang busca una vida mejor a través de su arduo trabajo, y todos sus derechos e intereses están protegidos por la ley.

Un ejemplo del enorme progreso que ha logrado Xinjiang en la promoción de los derechos humanos y la mejora del bienestar de la gente es que de 1978 a 2020 el ingreso disponible per cápita de sus habitantes, tanto en áreas urbanas como rurales, aumentó más de 100 veces.

La ficción del llamado "trabajo forzoso" es fundamentalmente falsa. La prohibición de Estados Unidos puede privar a la gente de Xinjiang de sus derechos al trabajo y al desarrollo, y resultar en un desempleo forzoso, e incluso en el regreso a la pobreza.

La verdadera intención de Estados Unidos es empañar la imagen de China, interferir en sus asuntos internos, contener su desarrollo, y socavar la prosperidad y la estabilidad de Xinjiang.

¿Es sincera la preocupación de Washington sobre los derechos laborales? No lo es. La etiqueta de "trabajo forzado" le encaja perfectamente al propio Estados Unidos. Diversos estudios han demostrado que casi 100.000 personas son ingresadas de contrabando a ese país como trabajadores forzados cada año.

Más bien, lo que realmente le importa es cómo proteger sus propios intereses hegemónicos. Incluso funcionarios estadounidenses han admitido haber inventado mentiras, incluidas aquellas que afirman que en Xinjiang hay "trabajo forzado" y "genocidio étnico", para generar tensiones étnicas y socavar la estabilidad social de China.

Tales cálculos no son más que ilusiones. Hablando fundamentalmente, las nubes nunca pueden ocultar el sol para siempre.

Las mentiras y los rumores eventualmente se romperán en pedazos frente a los hechos y la verdad. En los últimos años, más de 2.000 expertos, académicos, periodistas, diplomáticos y personal religioso de más de 100 países han visitado Xinjiang. Ellos han visto hechos de primera mano sobre la estabilidad social, el desarrollo económico y la vida de la gente en Xinjiang.

En el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, casi 100 países expresaron unánimemente su apoyo a la política del Gobierno chino en Xinjiang y manifestaron su oposición a la interferencia en los asuntos internos de China en nombre de los derechos humanos.

Como las principales economías del mundo, China y Estados Unidos deben respetarse mutuamente, coexistir en paz y evitar la confrontación, y las dos partes deben aumentar la comunicación y el diálogo en todos los niveles y en todos los campos.

Con el mundo enfrentando graves desafíos, ambos países tienen un papel importante que desempeñar en el mantenimiento de la paz y la prosperidad mundiales.

"La pregunta es", como decía un reciente artículo de opinión publicado en el diario South China Morning Post, "¿entenderá Estados Unidos esto antes de que sea demasiado tarde?".