Otro disparate sobre la COVID-19 se ha puesto de manifiesto en Washington.

Casi todos los miembros de la Cámara de Representantes de EE. UU. fueron vistos entrando a su lugar de reunión con máscaras chinas KN95 que les fueron proporcionadas y que ofrecen una mayor protección, a ellos, el mismo grupo que durante tanto tiempo ha intensificando una campaña contra China.

La escena ocurrió después de que fuera exigido a los miembros de la Cámara el uso de máscaras que dieran más protección, como las N95 o KN95, en momentos en que la pandemia es grave en el país.

Pero los políticos no estaban muy contentos con la situación.

Algunos, en busca de comodidad, acudieron a la vieja teoría de la conspiración sobre la "fuga del laboratorio de Wuhan", otros, en protesta contra el mandato, se apoyaron en la llamada teoría de la "amenaza China". La mayoría de ellos aseguraron que "cualquier cosa menos China" sigue siendo la principal prioridad.

Esta lista de tareas nació de una plaga política profundamente arraigada en Estados Unidos, pues demócratas y republicanos tiran de todos los hilos disponibles para ganar la disputa partidista. Para ambos, hablar mal de Beijing parece ser una táctica perfecta para obtener ganancias políticas.

El "Gran Libro sobre el Corona", de 57 páginas y publicado en 2020, aconseja a los candidatos republicanos que aborden la pandemia atacando agresivamente a China y proporciona pautas detalladas sobre cómo vincular a los candidatos demócratas con Beijing.

Este libro estratégico recibió particular atención por parte de la anterior administración norteamericana, la misma que se hizo la de la vista gorda ante la urgente necesidad de tomar medidas antipandémicas oportunas y efectivas.

Devanándose los sesos en busca de nuevas formas de difundir rumores y convertir a China en el chivo expiatorio, EE. UU. reporta la mayor cantidad de infecciones por COVID-19 y muertes relacionadas con la enfermedad en el mundo, a pesar de disponer de la tecnología e instalaciones médicas de primera clase, así como de expertos en salud de primer nivel.

Mientras esos líderes egoístas de Washington estaban ocupados en sus propios intereses políticos, parecían sentirse bien sacrificando los intereses comunes de aquellos que luchaban por sobrevivir dentro de Estados Unidos y más allá.

Durante un difícil momento en la pandemia, Estados Unidos recibió de China más de 40.000 millones de mascarillas, alrededor de 1.200 millones de guantes quirúrgicos y casi 1.000 millones de batas protectoras, entre otros suministros médicos, entre el 1 de marzo de 2020 y el 28 de febrero de 2021.

Sin embargo, algunos políticos estadounidenses han mordido las manos de quienes los estaban ayudando, convirtiendo, deliberadamente, las amables ofertas de China en una brujería política.

Y ahora, el último consejo científico de los médicos de la Cámara sobre el uso de máscaras en el edificio legislativo, con el objetivo de proteger a los miembros de la institución de la variante ómicron, que es altamente contagiosa, fue respondido con más ataques racistas contra China y desencadenó una nueva ronda de burlas entre los dos principales partidos políticos del país norteamericano.

Con esta lógica absurda, no sorprenderá que un día los estudiantes y consumidores en Estados Unidos que usen máscaras hechas en China tengan prohibido ingresar a escuelas y supermercados.

"Por cada certificado de defunción que tiene a la COVID-19 como principal causa de muerte, el partidismo debe figurar como una causa adicional. Esta pandemia se politizó desde el primer día", alertaba un artículo de Business Insider a finales de 2021.

De hecho, cada vez más personas en todo el mundo han recuperado el equilibrio y se han dado cuenta de que para los que toman decisiones en EE. UU. la vida cotidiana, la salud nacional y la ciencia son lo último en su agenda.

Las casi 850.000 vidas cobradas por el virus en el país son una prueba evidente de que cuando los líderes fallan y el sistema político está estancado, la gente sufre.

Jugar a la política señalando con el dedo acusador a China no salvará a Estados Unidos de la pandemia, sino que convertirá a esos mismos políticos estadounidenses en bufones del escenario mundial. Esto es a lo que deben despertar los políticos antes de que la pandemia se lleve aún más almas en su patria.