Mediante el uso de inteligencia artificial el proyecto STOP (Suicide Prevention in Social Platforms) o Prevención del Suicidio en Plataformas Sociales puede detectar patrones de comportamiento suicida con un 85 % de precisión a través del análisis de textos, imágenes y actividades en Twitter.

Ana Freire, investigadora en el departamento de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, dirige la iniciativa con la cooperación del Centro de Visión por Computador de la UAB y del Hospital Parc Taulí de Sabadell, en Cataluña, España.

“El tabú asociado a este fenómeno, la escasa educación en salud mental y el difícil acceso, a veces, a consultas psicológicas ocasiona que personas con problemas mentales no reciban ni un diagnóstico ni un tratamiento adecuado”, advierten los especialistas.

La Organización Mundial de la Salud ha alertado que cada suicidio impacta emocionalmente en al menos 6 personas del entorno de la víctima.

El estudio, publicado en la revista Journal of Medical Internet Research, señala que “las redes sociales se han mostrado como un medio eficaz para detectar problemas como la depresión o los trastornos de la conducta alimentaria que, en casos muy extremos, pueden generar ideas suicidas”.

Según el equipo de profesionales a cargo del proyecto, cada segundo aparecen cerca de 8000 tuits “con información muy valiosa para varios campos, pero también para analizar temas relacionados con la salud mental”.

“En nuestro caso, entrenamos algoritmos de inteligencia artificial para que puedan distinguir patrones de alto riesgo y de bajo riesgo de suicidio, con datos etiquetados por expertos en salud mental y completamente anónimos, para respetar la privacidad de los usuarios”, explicaron los integrantes del grupo, el primero en tratar el tema en español de acuerdo con el historial de publicaciones de cada usuario.

“Este trabajo nos ha permitido aprender características diferenciales entre los grupos de ‘alto riesgo’ de suicidio y ‘libre de riesgo’ y ver que el primer grupo tiende a hablar más en primera persona y a utilizar negaciones y términos relacionados con sentimientos, entre los que destaca la ansiedad”, precisaron.

Además, tienen menos amigos, escriben textos más cortos y tienen mayor actividad durante los fines de semana y por la noche.