Los hospitales están abrumados e incluso los estacionamientos se están convirtiendo en áreas de tratamiento de pacientes en todo Estados Unidos.

Entre tanto, los miembros del personal, acusando fatiga y la frustración, no paran de llamar a otros centros hospitalarios buscando camas disponibles y espacio para acomodar a cada vez más pacientes enfermos con COVID-19.

La administración actual de la Casa Blanca ha permitido que la pandemia se propague a un ritmo implacable por todo Estados Unidos y el número de muertos confirmados supera los 250.000.

“Estamos deprimidos, desanimados y cansados hasta los huesos”, asegura Alison Johnson, directora de cuidados intensivos del Johnson City Medical Center en Tennessee, EE. UU., y agregó que algunos días conduce hacia y desde el trabajo llorando.

Debido a la grave situación sanitaria que enfrenta el país norteamericano, las autoridades están emitiendo alertas preventivas para evitar las reuniones familiares antes del Día de Acción de Gracias, prohibir las comidas en restaurantes en interiores, cerrar gimnasios o restringir el horario y la capacidad de bares y tiendas. y otros negocios.

Por ejemplo, el sistema escolar de la ciudad de Nueva York, el más grande de Estados Unidos, con más de 1 millón de estudiantes, suspendió las clases presenciales el miércoles en medio de una creciente tasa de infección a nivel nacional y a nivel estatal.