Un hombre alimenta palomas y gaviotas en la frontera entre Italia y el Vaticano en Roma el miércoles durante la cuarentena por la pandemia de COVID-19.

Expertos chinos ofrecen esperanza en la lucha contra el virus

Margherita se despertó antes de la medianoche para estar lista a la 1 am e iniciar su agotadora jornada de 6 horas de trabajo salvando vidas. Condujo hasta el hospital por las calles desiertas de la ciudad italiana de Parma, una de las áreas más afectadas por el coronavirus y ahora en bloqueo total.

La mujer de 28 años tiene 5 de experiencia como enfermera en el Reino Unido, pero después de ser asignada a Parma a mediados de marzo, comenzó a sentir la diferencia.

Al llegar al hospital, recibió a un paciente, un hombre de unos 50 años, en una camilla, consciente, pero con el rostro azul, ojos abiertos y venas hinchadas. Sudaba y lloraba. Con fuerza, apretaba la máscara de oxígeno contra su cara y trataba de pedir "ayuda", pero no tenía aliento.

Los sedantes surtieron efecto y el médico detrás de él preparó la intubación. Margherita y sus colegas corrieron para preparar los medicamentos y todo lo que se requería. Cortaron su ropa, colocaron el monitor. El personal médico trataba de mantener la calma.

Alguien fue a llamar a su familia para informarle que sería transferido a cuidados intensivos. Sabían que existía la posibilidad de que ya no pudieran verlo, ni siquiera para despedirse.

Sin comer, beber ni ir al baño durante 6 horas. Llenos de sudor con el equipo de protección, médicos y enfermeras apenas cruzan miradas. Habían trabajado todo el día con alguien totalmente desconocido.

Así han estado las cosas para Margherita durante 15 días. "Cansada y distante", la enfermera le dijo a Global Times que así se sentía cada día.

En la ciudad más asolada del país, Bérgamo, en la región de Lombardía, el ejército comenzó a ayudar a trasladar a los muertos desde el 18 de marzo, ya que no había lugar en los cementerios, exclamó Marco Birolini, un residente local.

"Vivo en un pueblo cerca del hospital. Las ambulancias se escuchan constantemente. Desde las ventanas, la gente mira y llora. Las lágrimas caen silenciosamente y los padres se cubren la cara con las manos para que sus niños no los vean", relató y añadió que casi todos en la localidad han perdido familiares o amigos por el virus.

Italia ha registrado más víctimas mortales que cualquier otro país, al menos 6820 en un mes.

Los lugareños apuntan que el sistema de atención médica de Lombardía, la primera región italiana en cuarentena, se derrumbó. "No hay médicos en Bérgamo que puedan manejar la crisis”, advirtió Marco.

Can Dou, de 20 años, acaba de regresar a Shanghai desde Italia después de más de 20 horas en el aire. En el momento en que salió del avión, alegó sentirse seguro y aliviado.

Can, de Wuhan, provincia de Hubei, en el centro de China, estudiaba en una universidad en Milán. En medio de una situación que empeoraba cada vez más, sostuvo sufrir de depresión y que no tuvo más remedio que regresar a su patria.

Muchos como él, varados en Italia, tienen miedo. Creen que la negligencia del gobierno italiano en la etapa inicial provocó la avalancha de infecciones y muertes.

Uno de ellos de apellido Chen en Milán dijo que algunos chinos sufrieron de discriminación y ataques en los primeros momentos del brote, pero la actitud del pueblo italiano cambió repentinamente con la llegada de ayuda de China en la forma de especialistas y materiales de asistencia.

"Ahora, cuando me encuentro con italianos en la calle, a menudo me dicen 'xiexie' [gracias en chino]", afirmóChen.

Para ayudar a aliviar la presión en Roma, China envió el miércoles un tercer equipo de 14 expertos de la provincia de Fujian, en el este de China.

La delegación apoyará a sus colegas italianos en la tarea de prevención y brindará información a organizaciones y estudiantes chinos sobre cómo protegerse de la infección.

Xiao Ning, parte del primer grupo médico, manifestó en su momento que instó al gobierno italiano a aplicar medidas más estrictas. Señaló que solo alrededor del 40 % de la gente usa máscaras en público.

Xiao anotó que en un hospital de Lombardía, vio a médicos y enfermeras con solo batas y máscaras en lugar de trajes de protección de alta calidad, reservados para quienes tratan pacientes en la UCI.

HuXu, del segundo equipo, declaró que los italianos demostraron un gran interés en el tratamiento de plasma, "pero no trajimos muestras de los recuperados con nosotros esta vez porque desconocíamos el estado de sus hospitales. Entrenaremos a los italianos en esta terapia”, recalcó Hu.

El fabricante de acordeones con sede en Ancona,Scandalli, recibió el martes un correo electrónico de Wuhan, ciudad muy golpeada por el COVID-19.

En la misiva, Bob Liu, un universitario local, indicó que mientras estaba en cuarentena, tocaba un acordeón Scandalli clásico casi todos los días. Agregó que el brote en Italia le preocupa mucho, y también compartió su experiencia en la prevención del virus en su ciudad.

Elisa Lanari, trabajadora de la empresa, sostuvo que estuvo al borde de las lágrimas al leerlo. La firma prepara algunos recuerdos como regalos para Liu.

A pesar del deterioro de la situación, el primer ministro italiano Giuseppe Conte anunció el sábado el cierre de todas las compañías "no esenciales" en el país.

"También hay problemas culturales. La cuarentena es una carga psicológica muy pesada para los italianos que aman el sol y el mar. Muchos en los lugares menos afectados encuentran todo tipo de excusas para salir, ya sea un nuevo corte o la compra de comida para sus perros, porque ellos necesitan de un cierto tipo que no hay en los supermercados regulares", contó Enrico Cevitta de Parma.

La etiqueta #Andratuttobene [“todo estará bien”] es muy popular en Italia desde el brote, el deseo de su pueblo de que todo pasará muy pronto.