Un recinto ha servido de refugio para una gran cantidad de personas que buscan cruzar la frontera y llegar a Estados Unidos.

El albergue "Leona Vicario", en Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua del norte de México, abrió sus puertas el 31 de julio y por él han pasado más de 2100 migrantes de 10 países.

Hoy en día, sirve de hogar provisional a más de 700 personas, en su mayoría de Honduras, quienes huyen de sus lugares de origen para encontrar un futuro mejor.

La otrora fábrica textil para el ejército mexicano cuenta en la actualidad con una cocina comunitaria que ofrece alimentos calientes a quienes llegan en busca de asistencia.

Iván Jiménez, coordinador general de este centro financiado por el Gobierno federal, indicó a EFE que en una etapa inicial recibía sobre todo a migrantes devueltos por las autoridades estadounidenses bajo el programa "Remain in México" (Permanecer en México); no obstante, en las últimas semanas también han llegado mexicanos desplazados por la violencia, en especial de los estados de Michoacán o Guerrero.

A diferencia de otros centros parecidos, en "Leona Vicario" se suelen organizar festividades típicas de los países de los migrantes con el fin de hacerles sentir como en casa.

El endurecimiento de la política migratoria estadounidense ha provocado que varios de ellos se queden varados en Ciudad Juárez debido a los extensos periodos de espera para obtener una cita con las autoridades, e incluso una vez recibido el número de atención, este resulta ser falso, puesto que el tiempo pasa y nadie vuelve a dar información al respecto.

Pese a la dificultad, los encargados del albergue aseguran que pocos desisten de su idea de entrar en el país del norte y muchos continúan esperando.

Según la ONG Save the Children, desde enero de 2019 el Gobierno estadounidense ha devuelto a México a casi 70 000 solicitantes de asilo y migrantes bajo la mencionada política, de los cuales más de 13 000 son niños.

Una ola de migrantes, en gran parte centroamericanos, empezó a llegar en 2018 a México con el propósito de cruzar a Estados Unidos.

Ambos países firmaron a inicios de junio un acuerdo migratorio por el cual Washington se abstiene de imponer aranceles a México a cambio de un control más estricto de este de los migrantes que llegan a su territorio. El pacto ha probado ser eficiente con un recorte de cerca del 60 % del flujo.