Estudiantes aprenden caligrafía china en la Escuela Primaria Parque en São João da Madeira, Portugal.

El presidente chino, Xi Jinping, describió la profunda amistad entre China y Portugal en un artículo titulado "Amistad a prueba de tiempo y espacio, Una asociación por el futuro”, publicado en el diario luso Diário de Notícias antes de su visita de estado a la nación europea.

Hoy en día, son cada vez más los portugueses que aprenden chino y esta “fiebre”, que no tiene cuándo acabar, es una señal del mayor avance en los intercambios y en la cooperación entre ambos pueblos.

“¡La práctica de la caligrafía es tan interesante como la pintura!”, “Es genial aprender chino”, son los comentarios de alumnos de la Escuela Primaria Parque en São João da Madeira, donde el idioma es un curso obligatorio.

Con pinceles en las manos, más de 20 pequeños escriben “uno, dos, tres y cuatro” en caracteres bajo la guía de un profesor local y otro chino.

Alrededor de 700 escolares llevan la materia en el centro, iniciada por el alcalde de la ciudad, Jorge Vultos Sequeira. Hace 6 años la lengua pasó a formar parte de la currícula para el tercer y cuarto de grado de todos los colegios públicos de la urbe. Además, quienes estén interesados pueden continuar sus estudios en un curso electivo a partir del quinto grado hasta secundaria.

Residentes de la capital lusa, Lisboa, visitan la muestra “Sabiduría de la cultura de Confucio”.

Para ayudarlos a un mejor entendimiento del chino, el Instituto Confucio de la Universidad de Aveiro ha dispuesto la presencia de un docente portugués y uno chino en cada lugar de enseñanza.

El sobrino de Sequeira también es un ávido alumno del idioma. Cada vez que se encuentran, el pequeño canta una melodía china y escribe caracteres para su tío.

“China es un lugar lejano y misterioso para los niños, pero la enseñanza del chino les ha dado el súper poder de conocerlo más”, reconoció la autoridad edil.

El curso obligatorio de chino por dos años, una vez por semana, no es suficiente para que los escolares puedan hablarlo con fluidez; sin embargo, es importante que la materia planté el interés en sus corazones. En ese sentido, tanto China como su lengua ya no son extraños para los pequeños y se convierten en memorias de infancia que los acompañarán toda su vida, apuntó Sequeira.

“Cerezas más chino igual a una vida sin igual”, indicó un joven estudiante de 18 años llamado Francisco Silva de Porto en su muro de WeChat, una plataforma social china.

Con solo 7 meses de lecciones, Francisco pasó al nivel IV de la Escala de Aptitud del Idioma Chino para Hablantes de Otras Lenguas. No solo es capaz de comunicarse con soltura sino también de escribir caracteres de forma correcta.

En octubre, participó en el concurso “Puente Chino” en Aveiro, una competencia internacional que mide el dominio del chino entre los estudiantes de secundaria, y se hizo merecedor al premio a la creatividad.

No existe un Instituto Confucio en Porto. Francisco debe viajar 77 kilómetros en autobús y tren a la filial de la Universidad de Aveiro cada semana para asistir a su clase de 3 horas y media.

“Nunca lo dejaré. Mi sueño es hablar como un nativo”, destacó.

Un creciente número de jóvenes lusos ha desarrollado un fuerte nexo con la cultura china, resaltó Carlos Morais, director portugués del Instituto Confucio de Aveiro. En el distrito existen 112 cursos y 2500 inscritos en Confucio.

El aprendizaje del chino también es posible en el Centro de Ciencias y Cultura de Macao en Lisboa, y sus alumnos generalmente tienen entre 17 y 24 años. Para las generaciones jóvenes, el chino no es solo un pasatiempo, es una habilidad porque China y Asia significan futuro y esperanza, subrayó Luis Felipe Barreto, director del mencionado centro.

“En su opinión, dominarlo es la llave de oro a su futuro”, constató Barreto, y expresó su deseo de incluir el idioma en el plan educativo de las escuelas secundarias públicas del país.

Su promoción como materia obligatoria es un esfuerzo a largo plazo, sostuvo Sequeira y agregó que la idea es formar a un grupo de talentos capaces de impulsar las relaciones comerciales bilaterales a fin de desarrollar la economía local.

“China es sinónimo de oportunidad, una modesta creencia del pueblo portugués”, concluyó el alcalde.